Argentina

El gobierno de los Kirchner reprime la heroica lucha de los trabajadores de la Kraft

02 Oct 2009   |   comentários

El pasado 25 de septiembre, fue brutalmente reprimida la heroica lucha que sostuvieron durante más de un mes los 2,600 trabajadores de la fábrica de alimentos Kraft, en Argentina. Esta lucha, que se inició contra el despido de 160 trabajadores, en su mayoría activistas y representantes sindicales, se convirtió en uno de los conflictos obreros más importantes de las últimas décadas en ése país, alcanzando una enorme repercusión nacional.

Con la huelga, movilizaciones dentro y fuera de la fábrica, así como bloqueos de calles y autopistas, los trabajadores de la Kraft se ganaron la simpatía de cientos de organizaciones sindicales, sociales, políticas y de derechos humanos que, a lo largo de todo el conflicto, les expresaron su solidaridad. Por la misma causa, estudiantes de distintos niveles también se movilizaron en varias ciudades.

Los trabajadores de la Kraft mostraron al conjunto de la clase obrera un camino combativo para enfrentar los despidos y defender la libertad sindical, contra el autoritarismo de esta multinacional yanqui que busca quebrar su organización y resistencia. Por eso la respuesta no se hizo esperar. En las últimas semanas, la Unión Industrial Argentina (cámara patronal) estuvo presionando a las autoridades laborales para que la fábrica fuera desalojada. Al mismo tiempo, los charros de la CGT, que no pudieron controlar y maniatar este conflicto, buscaron quebrar la huelga con esquiroles y quisieron mostrarla como la acción de una minoría “ultra”.
El gobierno, que se reivindica “nacional y popular”, evidenció su verdadero carácter -al servicio de los intereses imperialistas-, al tolerar que la empresa ignorara todas las resoluciones de los tribunales laborales favorables a los trabajadores; al mandar a la policía a la fábrica para intimidar a los obreros; y, finalmente, al ordenar el desalojo de planta con una brutal represión, en la que participó la policía montada, que tuvo un saldo de 60 trabajadores detenidos (ya liberados, pero sujetos a proceso) y varios heridos. El gobernador de la provincia de Buenos Aires, donde se encuentra la fábrica, reconoció que hubo presiones de la Embajada de Estados Unidos para que el gobierno actuara contra los trabajadores.

La represión, transmitida “en vivo y en directo” por los principales canales de televisión, causó una conmoción nacional. Hasta los dirigentes de la CGT, que venían atacando la lucha, así como los sectores “progresistas” del kirchnerismo, tuvieron que repudiarla. Desde entonces se han multiplicado las acciones de solidaridad, incluyendo una multitudinaria manifestación en la Plaza de Mayo.

Al momento de escribir estas líneas, está en marcha una negociación entre el gobierno, los representantes de la empresa y de los trabajadores. Envalentonada, la patronal se niega permitir el ingreso de los delegados sindicales a la planta y continúa suspendiendo activistas. El gobierno, mientras mantiene la fábrica llena de policías como un campo de concentración, intima a los obreros a que dejen de movilizarse. Pero los trabajadores se resisten a aceptar este “acuerdo” que busca imponer la paz de los cementerios.
Más allá de si la patronal logra, gracias a la represión y al respaldo del gobierno “progresista” de los Kirchner, reiniciar en lo inmediato las actividades de la fábrica, la lucha no ha terminado. Quedan las lecciones que arrojó esta batalla y la experiencia que han hecho los trabajadores, para impedir que la patronal avance y hasta lograr que se reincorpore a todos los despedidos.









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