A propósito de la defensa de Pemex

Trotsky y la expropiación petrolera

17 Mar 2013   |   comentários

Artículo publicado en esta misma página el 28 de marzo de 2009.

Como hace 70 años, la opresión imperialista persiste en México y toda América Latina. León Trotsky planteó que: "Una pequeña camarilla de magnates extranjeros succiona, en todo el sentido de la palabra, la savia vital tanto de México como de otra serie de países atrasados o débiles. Los discursos solemnes acerca de la contribución del capital extranjero a la "civilización", su ayuda al desarrollo de la economía nacional, y demás, representan el más claro fariseísmo. La cuestión, en realidad, concierne al saqueo de la riqueza natural del país. La naturaleza requirió muchos millones de años para depositar en el subsuelo mexicano oro, plata y petróleo. Los imperialistas extranjeros desean saquear estas riquezas en el menor tiempo posible, haciendo uso de mano de obra barata y de la protección de su diplomacia y su flota”.

El gobierno de Cárdenas y la clase obrera

En los años 30, la economía mexicana experimentó un importante crecimiento vinculado a la mayor penetración del capital imperialista. Esta industrialización semicolonial incrementó la fuerza numérica del proletariado y lo fortaleció como fuerza social, y devino en importantes procesos de organización sindical y luchas reivindicativas que mostraron la potencialidad de los trabajadores.

En 1938, los trabajadores petroleros estallaron la huelga contra los capitalistas ingleses, y se prolongó durante varios meses. El gobierno de Lázaro Cárdenas, sometido tanto a la presión por izquierda de los trabajadores, como a la presión por derecha del imperialismo: realizó la nacionalización de la industria petrolera. La clase obrera respondió a la posterior ofensiva imperialista con sus métodos: la movilización en pos de la nacionalización y el control obrero para enfrentar el boicot capitalista. Surgió PEMEX.

¿Por qué un gobierno nacionalista burgués realizó la nacionalización? Para Trotsky, en los países semicoloniales como México, el capital imperialista juega un papel decisivo en la economía, hay una burguesía nacional relativamente débil, y frente a ella un proletariado robusto y concentrado; en ese contexto, el gobierno tiende a oscilar entre el imperialismo y los trabajadores, a veces siendo correa de transmisión de los planes imperialistas y reprimiendo al proletariado; y en ocasiones apoyándose en la clase obrera y otorgándole concesiones, para lograr apoyo social y margen de maniobra ante el imperialismo.

El carácter progresivo de la nacionalización (que arrancó a los imperialistas el control de un recurso fundamental), no significó para Trotsky el apoyo político al gobierno de Cárdenas. El programa cardenista no era obrero ni socialista, y la burguesía nacional no llevaría hasta el final la lucha contra el imperialismo (como se mostró en los años siguientes); pero los trabajadores, poniéndose al frente de la defensa de la nacionalización: demostraron que podían garantizar la soberanía.

En esas circunstancias, se planteaba una disyuntiva: o el movimiento obrero avanzaba hacia un mayor enfrentamiento con la burguesía y el imperialismo, conquistando en el camino su independencia de clase; o el gobierno afianzaba su control sobre los trabajadores, al servicio de lo cual estuvo la política cardenista de subordinar a los sindicatos al estado y al PRM.

Por eso era fundamental, mientras se apoyaba la medida concreta de nacionalización de la industria petrolera, propugnar la más absoluta independencia política de los trabajadores, como hicieran Trotsky y los revolucionarios en ese entonces. A pesar de estos esfuerzos, la ausencia de una organización revolucionaria con influencia de masas conspiró para que esta perspectiva no se hiciera realidad.

La actualidad de estas lecciones

Hoy que el imperialismo quiere apropiarse nuevamente del petróleo, es fundamental retomar las lecciones de la expropiación petrolera. López Obrador y un sector del PRD se pusieron al frente de la lucha contra la privatización, aglutinando a amplios sectores populares. Como planteamos en otro artículo, es necesario que las organizaciones socialistas y de los trabajadores nos hagamos parte de esta lucha, de forma independiente, con un programa obrero y anti-imperialista.

Al calor de este combate, es necesario construir una alternativa al nacionalismo burgués, que en el siglo pasado demostró su impotencia para liberar a la nación oprimida, lo que sólo podrá conseguir un gobierno obrero y campesino.

Cómo planteaba Trotsky:

"El proletariado internacional no tiene ninguna razón para identificar su programa con el programa del gobierno mexicano… Sin renunciar a su propia identidad, todas las organizaciones honestas de la clase obrera en el mundo entero, y principalmente en Gran Bretaña, tienen el deber de asumir una posición irreconciliable contra los ladrones imperialistas, su diplomacia, su prensa y sus áulicos fascistas. La causa de México… es la causa de la clase obrera internacional. La lucha por el petróleo mexicano es sólo una de las escaramuzas de vanguardia de las futuras batallas entre los opresores y los oprimidos."









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