Formación marxista

Trabajar para vivir o vivir para trabajar (II)

25 May 2012   |   comentários

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Como veíamos en Estrategia Obrera 95, aunque los patrones deseen más que nada en el mundo incrementar sus ganancias, la jornada laboral no se puede extender de forma indefinida, ya que los trabajadores necesitan –como mínimo– comer y dormir para reproducir su fuerza de trabajo. Sin embargo, han creado otros mecanismos para reducir el tiempo de trabajo socialmente necesario para garantizar la subsistencia de los obreros. Si de una jornada de trabajo de 9 horas, se necesitan 4 para crear el valor del salario, el capitalista busca reducir a 2 horas el tiempo de para que el obrero pueda garantizar sus necesidades básicas. A esto se le llama plusvalía relativa.

La creatividad de los capitalistas

¿Cómo hacen descender el costo de la reproducción de la mano de obra los capitalistas? Al hacer producir mayor cantidad de mercancías en el mismo tiempo de trabajo, mediante el empleo de maquinaria y nuevas tecnologías. Sin embargo, cada una de esas mercancías encerrará menos tiempo de trabajo humano, y por lo tanto, tendrá menos valor.
En el pasaje del artesanado a la manufactura los capitalistas, para constituirse en tales, deben contar con maquinaria y un espacio físico donde los trabajadores que le venden su fuerza de trabajo produzcan las mercancías. Recordemos que tanto la maquinaria como el inmueble representan trabajo humano cristalizado, fruto del esfuerzo de otros trabajadores.

El pasaje del trabajo manual al mecánico, con la utilización de máquinas, ya incrementó de por sí la productividad del trabajo. Por ejemplo, una playera que una costurera artesanal, sin máquina, sólo con el trabajo de sus manos, fabrica en dos días de labor, con el uso de una máquina se podía hacer en medio día. Sin embargo, si además, cada trabajador se dedica a repetir la misma tarea –por ejemplo, hacer los moldes de una playera–, otro corta la tela suficiente para hacer 50 playeras con el molde que alguien más trazó, otro cose las piezas que unidas conformarán las playeras, otro más las plancha y un último trabajador las empaca para su venta, en vez de dos playeras al terminar la jornada laboral tendremos 50 playeras.

Este resultado es posible sólo a través de la cooperación, al decir de Marx, “la forma del trabajo de muchos obreros coordinados y reunidos con arreglo a un mismo proceso de producción o en procesos distintos pero enlazados”.

A su vez, esta cooperación trae aparejada una determinada división del trabajo al interior de la fábrica. La ejecución de una misma actividad repetitiva elimina los tiempos “muertos” del pasaje de una actividad a otra, y a su vez, exige una mayor especialización de los obreros, que en muchos casos lleva también a menos calificación.

Por último, podemos señalar que esta división del trabajo crea también el obrero colectivo, o sea, la fuerza de trabajo combinada de varias personas. El trabajador individual pierde sus características humanas y se transforma en un engranaje más de la maquinaria.

Una de las contradicciones del capitalismo

Con la cooperación y la división del trabajo se socializa la producción de mercancías. ¿Pero quién se queda con esa producción? El capitalista. Resulta así que aunque la producción generalizada de mercancías es social, su apropiación es privada. El capitalista no es un buen hombre emprendedor, sino un hombre que roba el trabajo excedente que producen las personas que le venden su fuerza de trabajo. No crea valor, porque estos señores no se ensucian las manos manejando las máquinas. Y, en nuestros días, precariza cada día más el nivel de vida de los trabajadores, con salarios paupérrimos que sólo permiten adquirir productos y servicios de mala calidad.

Los capitalistas impusieron la anarquía en la producción: sólo se producen aquéllas mercancías que ellos consideran que le depararán mayores ganancias. El bienestar de la sociedad es dejado de lado en aras de la producción de bienes suntuarios y de última tecnología, cuando no existe en México –sin ir más lejos–, una infraestructura urbana que garantice agua potable, luz y gas al conjunto de la población, cuando algunas enfermedades como el cáncer siguen sesgando la vida de miles, pero los señores capitalistas no consideran oportuno invertir en el desarrollo y producción masiva de medicamentos que combatan esos males.

Los trabajadores, por su parte, se ven separados del producto final de su trabajo. Se alienan. Y mediante mecanismos cada vez más atroces, la patronal se apropia de sus vidas con horarios rotativos, extensión de la jornada laboral y la amenaza constante del desempleo, que presiona los salarios a la baja.









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