CUBA: El régimen político en discusión

¿Puede autorreformarse la burocracia?

28 Apr 2010   |   comentários

En un hecho de mucha repercusión, el día 26 de marzo el famoso cantautor cubano Silvio Rodríguez presentó en público su nuevo disco “Segunda Cita”. Realizado a pocos meses de los festejos por el 50 aniversario de la Revolución, su temática excluyente es la situación interna de la Isla. Sus declaraciones reavivaron las discusiones en torno a la encrucijada que atraviesa el gobierno de Raúl Castro, el régimen político cubano y los acuciantes problemas que enfrentan las masas.

La sala “Che Guevara” de la Casa de las Américas en La Habana estaba repleta de admiradores y periodistas. “Me parece, siempre me ha parecido, no ahora, muy bien que se amplíe la posibilidad, el acceso a decir, a comentar, a criticar, a opinar, a discutir”, dijo Silvio a poco de comenzar. Aunque aclaró que “sigo teniendo muchas más razones para creer en la revolución que para creer en sus detractores” (afirmación muy aplaudida por el auditorio), también pidió superar “la R de revolución” y declaró que “el país pide a gritos una revisión de montones de cosas, desde conceptos hasta instituciones (...) he escuchado, siempre extraoficialmente y jamás por supuesto lamentablemente en nuestra prensa, que esas cosas se están revisando. Dios quiera que así sea”.

Incluso en referencia al bloqueo económico yanqui a Cuba, dijo “creo que sí, que hay responsabilidades por parte del hostigamiento que ha sufrido Cuba, sin dudas, pero también tenemos responsabilidad nosotros (...) no podemos echarles toda la culpa a ellos, porque es mentira”.

Silvio Rodríguez es miembro del Partido Comunista de Cuba y fue hasta hace pocos años diputado de la Asamblea Nacional. Sus declaraciones expresan que el régimen castrista atraviesa una importante crisis. Su cuestionamiento a la imposibilidad de “criticar, a opinar, a discutir” da cuenta del agotamiento del régimen de partido único como forma de dominio. La legitimidad que supo tener la dirección histórica de la revolución está llegando a su fin. Ya no se puede sostener sobre la base de llamados morales a “defender la revolución” y enfrentar al “enemigo” imperialista. Veinte años de enormes penurias han debido soportar ya las masas (desde el Período Especial luego de la caída del “socialismo real”).

La burocracia en un cruce de caminos

Dos caminos se abren para la burocracia: intentar mantener el status quo (que incluye el proceso actual de descomposición y liquidación de las conquistas revolucionarias) a través de mayor represión, o bien intentar abrir alguna “válvula de escape” a la insatisfacción de las masas y las distintas presiones en la sociedad cubana. Pero, estratégicamente, cualquiera de ambas opciones es muy peligrosa y puede abrir el paso a crisis mayores. A fin de cuentas, para sobrevivir y reciclarse se verá empujada a convertirse en socia menor del capital internacional dando un salto “con armas y bagajes” en el proceso de restauración capitalista. Las ideas de “superar la R de revolución” y aceptar “nuestra responsabilidad” en la permanencia del bloqueo imperialista, muy posiblemente expresan sectores que apuestan como salida a un mayor proceso de apertura y liberalización económica.
La crisis, aunque no es claro hasta dónde puede escalar, está golpeando especialmente al que por su mayor cercanía a las masas y sus organizaciones y por el peso ideológico que conlleva, es el pilar más sensible del régimen: el Partido Comunista Cubano. El otro sostén clave son las FAR que por su carácter militar y por su historia (dirigidas por Raúl Castro desde su creación) no muestran por el momento fisuras con la fracción gobernante. El PCC, a pesar del hermetismo en la información, a cada paso muestra en su seno distintos sectores que luchan por imponerse. Las disputas por momentos se vuelven duras, como demostró la campaña de desprestigio que siguió a la expulsión de Pérez Roque y Carlos Lage que expresaban un ala más conservadora ligada a Fidel que sigue siendo el presidente del partido.
Ante las dificultades económicas de Cuba, Raúl ya viene impulsando una serie de medidas de austeridad y recortes a conquistas obreras (como los comedores obreros o el subsidio a los desocupados) reclamando mayor “productividad” y atacando viejas adquisiciones de los trabajadores por “irracionales” o “igualitarismo”.

Si bien desde que asumió el poder anunció “cambios estructurales y de concepto” en lo económico y político, parece ahora meditar cada paso y preferir el inmovilismo a cometer un error. Incluso quizás no tenga en claro qué camino seguir y opta por más de lo mismo. De esta manera gana tiempo pero cede la iniciativa frente a los distintos actores que van cobrando mayor peso político, como la derecha denunciando la represión e intransigencia del gobierno o los sectores descontentos que no hallan respuesta a sus penurias.

Las alas de la burocracia que se encolumnan detrás de Fidel y Raúl podríamos ubicarlas políticamente en el centro, como defensores del status quo actual de la burocracia, movidos por los intereses particulares como jefes del aparato central del estado, aunque a su vez divididas por espacios de poder y por sus alianzas internacionales (Venezuela y Brasil respectivamente). Para la dirección histórica es muy difícil encabezar ellos mismos la restauración capitalista que implicaría lograr una derrota sobre las masas al estilo de la que hizo la burocracia china en Tianan-men. Además de la obvia diferencia en la estructura económica con China, que le impediría tener a Cuba cualquier margen de maniobra frente al imperialismo, el dominio de la burocracia cubana, más allá de su actual desprestigio, siempre se basó en presentarse como los guardianes de la revolución. Sin embargo, su permanencia en el poder llevará más temprano que tarde al hundimiento de la revolución y la reconquista de Cuba por el capital internacional, con la consiguiente semicolonización.

Crujidos en el régimen

Además, otros sectores dentro del partido pugnan por medidas más audaces de reformas, que liberen del peso que ejerce el control del Estado sobre los campesinos independientes y otros sectores cuentapropistas que venden una parte de su producción en el mercado libre o tienen fuertes ingresos en dólares. Critican las medidas del gobierno por insuficientes. Más abiertamente reformistas, están por eliminar los subsidios estatales y la libreta de racionamiento, volcar todos los recursos a los sectores “dinámicos” como las empresas mixtas y algunas cooperativas y atraer más inversión extranjera. Este sector, sin ser el dominante, es tolerado ya que en buena medida es funcional a la fracción dirigente que ha tomado ciertas medidas de ese estilo.

Estas discusiones se expresan hoy a través de figuras del arte y entre algunos intelectuales por ser las más sensibles y las que vienen planteando desde hace años la necesidad de un giro. Días atrás, otro famoso cantautor cubano, Pablo Milanés, de visita en España, también se pronunció por más cambios. Dijo que “son esencialmente los que ha venido planteando Raúl Castro y que no se han cumplido. El pueblo espera y se pregunta en medio de una parálisis agónica cuándo llegarán”. Lo hizo reivindicándose como “un luchador por la perfección del socialismo que hemos proclamado durante 50 años” (Clarín, 20/03) y en diciembre de 2008 también había dicho desconfiar de que los dirigentes “tengan más de 75 años porque todos, en mi criterio, pasaron sus momentos de gloria, que fueron muchos, pero que ya están listos para ser retirados. Hay que pasar el testigo a las nuevas generaciones para que hagan otro socialismo, porque este socialismo ya se estancó” (www.publico.es).

¿La burocracia puede autorreformarse?

Una línea de este tipo conlleva la ilusión de una autorreforma de la burocracia de la mano de un “cambio generacional”. Pero el aparato burocrático que constituye el PCC no puede autorreformarse. El acallamiento y represión a las distintas alas y sectores políticos dentro y fuera del partido es una muestra de esa falsa ilusión. Sin llegar a ser una dictadura sangrienta, el régimen cubano tiene como característica fundamental el encuadramiento y la regimentación de las masas tanto en el plano político como de sus organizaciones. La famosa definición de Fidel en los tempranos años de la revolución, “dentro de la revolución todo, fuera de la revolución nada” sigue marcando la esencia del carácter burocrático del Estado. En el terreno concreto significa “dentro del PCC todo, fuera del PCC nada” y aceptar las líneas políticas directrices marcadas por la dirección. Cualquier postura que se salga de ese marco, es acallada negándola y ocultándola o incluso reprimiéndola. La expresión de esto en las organizaciones de masas se da a través del estricto control del Partido Comunista, como también en el sistema electoral.

El futuro de Cuba está en manos de los obreros y campesinos

La burocracia socava a cada paso las conquistas de la revolución que dice defender y el apoyo político que le dan los “amigos de Cuba” sólo ayuda a esa tarea destructiva. La única salida verdaderamente posible y progresiva es la movilización independiente de las masas cubanas, que enfrente al imperialismo derrotando en primer lugar el salvaje bloqueo económico yanqui, lo que reclama la unidad con las masas latinoamericanas, en primer lugar, en vez de confiar en los gobiernos burgueses “amigos” como los de Lula y Chávez. Es preciso levantar un programa que, partiendo de la defensa de las conquistas de la revolución, del salario y el nivel de vida de los trabajadores y campesinos, y la lucha contra los privilegios de la burocracia y los sectores enriquecidos, pelee por la revisión de todo el plan económico bajo el control de los trabajadores, especialmente, contra las concesiones excesivas al capital extranjero y las “medidas de mercado”, reafirme el monopolio estatal del comercio exterior e incluya reivindicaciones democráticas como la libertad para los presos políticos que no hayan participado en actos terroristas ni estén financiados por la CIA. Comisiones obreras independientes que revisen caso por caso. Libertad de prensa y organización para los trabajadores y la legalización de todos los partidos que defiendan la revolución. Esto no será posible por el camino de la “apertura democrática” que quiere el imperialismo ni por una utópica autorreforma de la burocracia. Exige barrer a la burocracia gobernante, acabar con el reaccionario régimen de partido único e imponer un verdadero gobierno de los trabajadores basado en organismos de autodeterminación de masas del tipo de los soviets o consejos. Sólo así podrá vencer la revolución los peligros de la presión imperialista y de sus agentes.


El opositor Guillermo Fariñas continúa su huelga de hambre

Otro dolor de cabeza para el gobierno

Los días precedentes a las declaraciones de Silvio Rodríguez habían sido de mucha agitación política, y lo siguen siendo.
El 23 de febrero la muerte por inanición del preso político Zapata Tamayo tras 83 días de huelga de hambre. Otras huelgas de hambre de presos que exigen trato digno. La que lleva adelante desde el 24 de febrero el opositor Guillermo Fariñas en repudio a la muerte de Tamayo y por la libertad de 26 disidentes presos desde 2003 con problemas de salud. Las manifestaciones de las Damas de Blanco, que realizaron marchas por la ciudad durante 7 días en repudio a la Primavera negra (la redada que en 2003 detuvo a 75 opositores de los que una treintena continúa presa). El imperialismo yanqui salió a repudiar en boca del propio Obama la muerte de Tamayo y el hostigamiento a las Damas de blanco y el Parlamento europeo condenó la actitud del gobierno cubano, haciendo demagogia “humanitaria”. Entre tanto, Castro cuenta con el inestimable apoyo de Brasil mientras que España está interviniendo en forma directa para que Fariñas levante su huelga de hambre o acepte exiliarse del otro lado del Atlántico.
Sin embargo, de continuar Fariñas con su negativa a ceder y en consecuencia seguir deteriorándose su salud (según las fuentes ya ha bajado casi 15 kilos y al comenzar la huelga pesaba poco más de 50 debido a la veintena de ayunos que ha hecho) al punto de provocarle daños irreversibles e incluso la muerte, el contexto internacional podría cambiar y cernirse sobre Castro el riesgo de un aislamiento político.










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