Perspectivas y desafíos del Movimiento #YoSoy132

10 Jun 2012   |   comentários

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El movimiento #YoSoy132 irrumpió en la pasividad del proceso electoral, denunciando los rasgos más antidemocráticos del régimen, expresados en la campaña impositiva del candidato a la presidencia del PRI, EPN, orquestada por parte del duopolio televisivo, Tv Azteca y Televisa. A doce años de que los huelguistas de la UNAM frenaron la imposición del Reglamento General de Pagos y que en el preámbulo electoral del 2000 cuestionaron la “transición democrática” del PAN-PRI-PRD, una nueva generación de jóvenes críticos y combativos sale a las calles.

Al grito de “si hay imposición, habrá revolución”, la juventud aparece como punta de lanza del hartazgo popular, a tono con el resurgimiento de la juventud y la clase obrera que, desde Egipto y Túnez, Grecia y España, hasta Chile y Quebec, han venido luchando de manera combativa y organizada.

Y es que el movimiento #YoSoy132 –al calor de la autorganización en asambleas–, comienza a generar una organización democrática y a forjar un movimiento que trascienda el periodo electoral y atienda a las aspiraciones más profundas del pueblo trabajador y la mayoría de la sociedad.

Esto se expresó en las discusiones de la Asamblea General Universitaria del 30/5 en C.U., que fue convocada espontáneamente, en la manifestación en la Estela de la Luz, con el clamor generalizado de “asamblea general”. Sus resolutivos le dieron un giro a la demandas de los jóvenes de la UIA del #131: desde la solidaridad con el magisterio democrático de la CNTE y por la democratización del SNTE, hasta la lucha contra la militarización y por la libertad a los presos políticos, pasando por la solidaridad con las luchas de Quebec, EE.UU. y España.

La democratización del movimiento

Sin embargo, la democratización del movimiento está aún sobre la mesa. Si bien inicialmente las decisiones tanto operativas como políticas estaban a cargo de la autodenominada Coordinadora Interuniversitaria (CI) –donde confluían unos veinte estudiantes de distintas universidades a título personal, incluidos estudiantes de la UNAM no votados por asambleas–, surgió un proceso asambleario por escuelas y facultades, reflejado en la asistencia de más de 50 voceros con mandatos y resolutivos a la Asamblea General del 30/5, que impuso la necesidad de una organización acorde al movimiento.

De ahí que ese mismo día se resolvió organizar una reunión central de voceros, donde basados en el mandato de sus asambleas, se avanzara en las propuestas para la organización del movimiento. Esta discusión inició entonces en las asambleas locales y se desarrolló –de manera no resolutiva–, en una Interfacultades el viernes 1/6 en el Auditorio HoChiMin donde gran número de voceros de asambleas de la UNAM vertieron sus resolutivos.

Finalmente, el 5/6, en la Facultad de Arquitectura, con voceros de 98 asambleas se realizó la Asamblea General y se avanzó en los acuerdos organizativos, el posicionamiento político y el plan de acción. El primero de ellos es la organización de una Asamblea General Universitaria basada en las asambleas locales, con mandato de base.

Sin embargo, el hecho de que esta asamblea fuera a puerta cerrada y que no se permitiera el acceso a cualquier estudiante de los miles que sostienen a diario el #YoSoy132, sentó un precedente antidemocrático en la tradición del movimiento estudiantil, ya que nunca se había dado una asamblea cerrada. Es necesario que todas las asambleas, locales y generales, sean efectivamente abiertas (y no, por ejemplo, como la que se realizará en la Ibero, donde está restringida la entrada por la institución), es decir, combatir los rasgos que pueden tender a la burocratización del movimiento, así como otros aspectos que fracturan su unidad, como es el despotismo, las declaraciones inconsultas hechas a nombre del movimiento, y, sobre todo, la satanización de distintos grupos y organizaciones del movimiento, muchos de ellos surgidos en la huelga de 1999-2000, que han venido trazando un lazo de continuidad entre las luchas de ayer y las de hoy.

De igual forma, hay que frenar las muestras de antidemocracia que ya ha dado la CI, como la publicación del Manifiesto #YoSoy132 el 30 de mayo, horas antes de concluir la primera Asamblea Inter Universitaria. Estas graves expresiones de antidemocracia amenazan con echar por tierra la tradición democrática del movimiento estudiantil.

El posicionamiento político del movimiento

Una de estas grandes lecciones, asumida en la huelga del ‘99, fue la necesidad de la independencia del movimiento estudiantil de los partidos del régimen, hacia donde apunta uno de los grandes acuerdos del movimiento #YoSoy132: que se declara “autónomo” y “apartidista”. La independencia del movimiento –más no la exclusión de posiciones políticas incluida la posición frente a las urnas–, lo dota de autodeterminación. Es decir garantiza que la autorganización asamblearia se mantenga como el corazón del movimiento, que las decisiones emanen sólo de sus integrantes y exprese fielmente el sentir de la base estudiantil.

Por otra parte es importante precisar la relación entre la Asamblea General Universitaria y las comisiones que integrarán la Coordinadora a partir de la reunión del lunes 11 en la UIA. Esto porque, hasta ahora, bajo el pretexto de la operatividad del movimiento, los reunidos en la CI han tomado decisiones políticas inconsultas, como disponer que la reunión de voceros del día 5 de junio fuera cerrada, además de operar acciones y dar declaraciones públicas que no han emanado de los acuerdos de las asambleas generales. Esto debe cambiarse radicalmente. Las comisiones que surjan (como Prensa, Logística, etcétera) deben ser rotativas, sujetas a la decisión de las asambleas y sin ningún tipo de capacidad de decisión política.

Para que este movimiento trascienda es necesario no sólo resolver la democratización del mismo en términos organizativos, sino mantener los brigadeos, las movilizaciones unitarias y fortalecer los vínculos con los distintos sectores en lucha tanto en el país como en el extranjero y a avanzar.

El movimiento #YoSoy132 aparece en la escena política como una juventud fresca, pero también tiene atrás una importante experiencia de lucha (desde 1968 hasta 1999), que, en conjunción de la creatividad y explosividad de toda una nueva generación y las lecciones del pasado, tiene posibilidades de desarrollarse, crecer y abrir la brecha para la resolución de los aspiraciones democráticas más elementales. Desde Contracorriente nos hemos hecho parte de este movimiento, levantando propuestas políticas para poner en pie un movimiento estudiantil que enfrente al gobierno y sus instituciones, se organice democráticamente y se unifique con la clase obrera y el pueblo oprimido y explotado, lo cual planteamos en otros artículos de esta edición..









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