Revolución mexicana

La formación del Ejército Constitucionalista y la División del Norte

31 Aug 2010   |   comentários

En Estrategia Obrera N° 78 hablamos de la toma del poder por Francisco I. Madero y cómo éste consumió las fuerzas de su fugaz gobierno intentando eliminar a la resistencia armada de los campesinos de Morelos que levantaban el programa del Plan de Ayala.

Al darse cuenta la burguesía nacional y extranjera que Madero ya no servía para los fines de la consolidación de un estado burgués y que cada vez perdía más terreno con el ejército zapatista, orquestó su caída y asesinato a manos de Huerta, quien se declaró presidente de la nación. La burguesía del norte del país reaccionó con Carranza al frente, y en el sur del país, las masas campesinas con el ejército de Emiliano Zapata.
El golpe de Victoriano Huerta, lejos de contener la insurrección armada, propició que surgieran levantamientos campesinos en todo el país. Huerta, que fue un viejo militar de prestigio y despiadado con los revolucionarios, al tomar el poder lo primero que hizo fue mandar a sus aliados a misiones en el exterior para que no le estorbaran (y continuó con la política económica y agraria del gobierno de Madero). Intentó consolidar su estado basándose en alianzas con las burguesías locales, estadounidenses y europeas, el clero y los altos oficiales del ejército. Duró poco su paso por el estado mexicano, pues se encontró con el ejército campesino más grande del que ha dado cuenta la historia latinoamericana, la División del Norte.
Cuando Huerta se declaró presidente, todos los estados lo reconocieron como tal, excepto dos: Coahuila, en donde gobernaba Venustiano Carranza; y Sonora, en el que gobernaba José María Maytorena.
Un mes después del golpe, el gobernador de Coahuila, un terrateniente de 53 años, llamó a desconocer al gobierno usurpador de Huerta, se postuló como figura de continuidad del maderismo y logró conseguir el apoyo de un sector muy grande de la pequeña burguesía, que buscaba una salida democrática a la dictadura porfirista, además de contar con el respaldo de políticos, de hacendados del gobierno de Sonora y de un sector de la burguesía del norte del país. Este llamado se formalizó por medio del Plan de Guadalupe, firmado más de un mes después del golpe, el 26 de marzo de 1913 y llamado Manifiesto a la nación.
Este Plan condenó el golpe de Estado y desconoció tanto al gobierno huertista como a su poder legislativo y judicial. La resistencia armada se libró por medio del ejército constitucionalista, del cual Venustiano Carranza se nombró el Primer Jefe, y llamó a encaminarse al centro del país a tomar la ciudad para encargarse del Poder Ejecutivo.
Carranza entendía que para llevar a cabo esta consolidación de nación era necesario dar algunas concesiones sociales que pudieran frenar el ascenso de las masas campesinas. Dentro de la gente que englobaba su proyecto de nación, existía un ala jacobina, representada principalmente por Francisco J. Múgica, quien planteó que se tendrían que incluir demandas obreras y campesinas, como la reducción de la jornada laboral, el reparto de tierras y la eliminación de las tiendas de raya, a lo cual Carranza se opuso rotundamente, argumentando que era necesario reunir el mayor número de fuerzas y neutralizar al enemigo; lo primero era el triunfo militar y después se discutiría la resolución de las demandas sociales. Esto refleja el carácter de clase del plan de Carranza, que consistía en un cambio de la estructura estatal para poder, ahora sí, consolidar un estado burgués.
Esta es una de las contradicciones que marcará la existencia de la resistencia en el norte del país pues, a diferencia del ejército zapatista, que pudo mantener la independencia de la burguesía con dirigentes que provenían del mismo extracto campesino, la insurrección en los estados del norte fue dirigida por un sector de la burguesía, con el Ejército Constitucionalista que le daba legitimidad política al levantamiento armado.
En marzo de 1913, Villa regresó a Chihuahua de su autoexilio en Estados Unidos. Como maderista que era, se unió al ejército campesino. Entre los campesinos del estado, haciendo valer su naciente fama y reputación militar comenzó a reclutar combatientes para formar una brigada que más tarde se convertiría en una División. La capacidad de estratega militar de Villa atrajo a sus filas no sólo a campesinos, también las integraban obreros mineros y trabajadores ferroviarios que desempeñaron un papel muy importante en el curso de la revolución, al dirigir el tránsito de los trenes al servicio del pueblo insurrecto, lo cual sería una de las claves de la organización de los ejércitos campesinos y de sus victorias militares sobre el ejército Huertista.
El Ejército Constitucionalista tenía presencia en el estado de Tamaulipas, con el ejército del noreste al mando de Pablo González; en Sonora, con el ejército del noreste al mando de Álvaro Obregón; y la división del Norte en Chihuahua. La guerra civil avanzó principalmente por el oeste y el centro hacia el sur; el ejército de Obregón y la División de Villa siguieron las vías ferroviarias que habían tendido las empresas norteamericanas para transportar sus mercancías. Las instrucciones conforme a los mandos militares por parte de Jefe del Ejército Constitucionalista siempre fueron que Villa estuviera subordinado a las órdenes de Obregón, aunque fuera mejor estratega militar y sus triunfos fueran más significativos para el curso de la revolución. De hecho, aunque la División del Norte fue superior cuantitativa y cualitativamente, nunca fue reconocida como un ejército como los de Obregón o González; Carranza intuía el peligro de que una figura de la misma clase de los combatientes estuviera al frente de un ejército, le desagradaba la idea de que alguien extraído de un sector más plebeyo dirigiera un ejército para derrocar al estado, lo que no iba con su proyecto de reforma burguesa.

La composición social de los tres frentes del Ejército Constitucionalista era campesina y sus oficiales provenían de sectores de la pequeño burguesía y del viejo ejército federal. Carranza no sólo se preocupaba a lo interno de su ejército por Villa sino que también, aunque en menor medida, combatía al ala jacobina representada por Múgica y Lucio Blanco. El 4 de junio de 1913, después de tomar Matamoros, Tamaulipas, el general Blanco y el mayor Múgica decidieron llevar los principios de la revolución a cabo, y repartieron una hacienda entre los campesinos del pueblo. Al enterarse de esto, Carranza ordenó parar todo tipo de reparto y destituyó a Lucio Blanco, para poner en su lugar a Pablo González (quien se encargaría más tarde de organizar el asesinato de Zapata).
Obregón organizo su ejército en base a la paga regular a su tropa. A diferencia de los zapatistas, los soldados constitucionalistas recibían un salario, pues muchas personas encontraban en el servicio armado la única fuente de sustento para sus familias en los periodos de escasez. Para que la paga no faltara a la tropa, Obregón tuvo que asegurar ininterrumpidamente el estado de Sonora en poder de los constitucionalistas para tener así una especie de aparato estatal preexistente organizado económica y militarmente de manera autónoma.
El 29 de septiembre de 1913, Villa aglutinó diversas brigadas y formó la División del Norte. El 1 de octubre, la naciente División decidió tomar la ciudad de Torreón, un importante cruce ferroviario, y lo logró abasteciéndose de material de transporte. Huerta, presionado por un sector de la burguesía nacional dio un golpe de estado interno, disolvió al Congreso y llamó a elecciones presidenciales, que serían ganadas por él mismo. El 17 de octubre Carranza, en respuesta, anunció desde Sonora la formación de su gobierno provisional y afirmó que a la victoria del gobierno constitucionalista sería disuelto el Ejército Federal.
Después de tomar Torreón, Villa regresó al Norte y a mediados de noviembre decidió tomar Chihuahua, pero no lo consiguió. Entonces hizo creer a los federales que persistiría en la toma de Chihuahua y realizó uno de los más renombrados triunfos militares de la División del Norte. Él y sus tropas avanzaron lo más rápido posible hacia el Norte, a Ciudad Juárez; en el camino se apoderaron de un ferrocarril que bajaba a Chihuahua; al llegar a la primera estación apresaron al telegrafista y le ordenaron transmitir que la vía hacia Chihuahua estaba cortada por los revolucionarios. Desde Ciudad Juárez, los federales respondieron ordenando el regreso del tren. En cada estación, los revolucionarios apresaban al telegrafista para que no alertara de los dos mil hombres que llevaba el tren de regreso a Juárez. Sin que nadie sospechara, Villa aprovechó la sorpresa y rápidamente tomó Juárez, ciudad codiciada por su ubicación cerca de la frontera y por la posibilidad de abastecerse de suministros y mercancías.
Estos triunfos harían que crecieran las filas del ejército villista y le darían buena reputación. Las masas campesinas que integraban sus filas no eran otra cosa más que la expresión de la revolución, movida por la esperanza de tierras y la lucha contra los explotadores. La figura de Villa en la División del Norte, sus habilidades para organizar a un ejército de masas que avanzaba hacia el Sur totalmente preparado, provisto de recursos y suministros, así como su capacidad de estratega militar que se evidenció en cada victoria, permitieron cubrir en cierta medida y durante un tiempo el vacío programático del villismo. Si el zapatismo, con un programa definido, era incapaz de agrupar las consignas de la clase trabajadora por emanar propiamente del campesinado, el villismo nunca se planteo formalmente un programa; era más bien la fuerza de las masas desposeídas en contra de sus explotadores, era la necesidad de saldar cuentas con los que se habían alimentado por mucho tiempo del sudor y la sangre del pueblo mexicano.
En marzo de 1914, partieron de Chihuahua hacia Torreón decenas de miles de hombres con Pancho Villa al frente. Se trató de un avance desde el norte del país hacia la capital, que le rompió la columna vertebral al ejército federal huertista. A partir de su victoria en Torreón, se puede hablar de la División del Note como el ejército más poderoso de la Revolución Mexicana, que aterrorizó a la burguesía.

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