Editorial. En estas elecciones...

El congreso y sus partidos se arrodillan ante el imperialismo

22 Mar 2012 | Las elecciones del 1° de julio se dan en un contexto signado no sólo por las pugnas electorales, sino también por varios hechos que muestran que Estados Unidos aprieta las cadenas de la opresión imperialista sobre México y busca garantizar que, gane quien gane, mantenga y profundice la subordinación y la semicolonización de México.   |   comentários

El FMI vino por toda la bolsa

El 2 de marzo, el Senado aprobó un aumento de 145% en las cuotas pagadas al FMI. El gobierno de Calderón, avalado por los senadores del PRI, PAN y parte del PRD, resolvió erogar 14,000 millones de dólares este 2012, con la excusa de ayudar al FMI a resolver la crisis económica.

El gobierno de Calderón y los partidos del Congreso aparecen así como los más fieles del FMI y de los gobiernos imperialistas de Europa y EE.UU. Se muestra la subordinación de las instituciones de esta democracia pro-imperialista a los organismos financieros internacionales, mientras millones sufren el desempleo, la carestía de vida; los senadores que cobran millonarios sueldos resuelven aumentar los pagos a los responsables de la crisis económica.

Es también un gesto político a los centros financieros, de parte del gobierno y el Senado: quieren decir que más allá de que el PAN deje Los Pinos, no sólo se cumplirán los compromisos contraídos, sino que se hará con creces.

Sin embargo, esta resolución escandalosa (tomada días después de que se difundían las imágenes de las comunidades tarahumaras golpeadas por el hambre y la pobreza extrema) es la consecuencia de la política de subordinación y de sangría de la nación que han llevado adelante todos los gobiernos, con la complicidad de la “oposición” parlamentaria.

Su mayor expresión es la deuda pública externa, que durante los últimos doce años pagó, en concepto de intereses y abono al capital, 374.000 millones de dólares, lo cual quintuplicó el monto de la misma deuda (La Jornada, 4/9/2011).

Mientras tanto, el conjunto de los partidos del Congreso, oficialistas u opositores, coinciden en que la deuda externa debe continuar pagándose, y a lo sumo se limitan (como los partidos que apoyan a AMLO) a pedir tibiamente una renegociación de la misma.

PRI, PAN y PRD le besan la mano a Biden

El 4 y el 5 de marzo, el vicepresidente de Estados Unidos, Joseph Biden, visitó México y se entrevistó con los tres principales candidatos presidenciales. En un verdadero “besamanos”, Peña Nieto, Vázquez Mota y López Obrador, se presentaron ante el representante del imperialismo norteamericano expresando así su acuerdo con la semicolonización del país.

Específicamente, los priistas y panistas han manifestado en numerosas ocasiones su intención de profundizar la entrega del país a EE.UU.; como ya planteamos en EO92, pretenden avanzar en la privatización de la principal paraestatal, Pemex, por lo que la visita a Biden fue una manera de ratificar dicha intención. A nadie puede asombrar el carácter lacayo de estos políticos, que durante los últimos sexenios se subordinaron a los planes del neoliberalismo.

En el caso de AMLO, mediante una carta manifestó sus intenciones de reorientar las relaciones bilaterales de acuerdo a su propuesta de “modelo”, la cual busca un desarrollo capitalista basado en la inversión pública y privada y con “interés social”. En línea con este proyecto de “despegue” capitalista, le pidió al gobierno de EE.UU. más ayuda económica y que ésta no se oriente únicamente hacia la lucha antinarco.

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El objetivo de López Obrador, con la visita a Biden, es el mismo que tuvo en su gira por EE.UU. y en las reuniones con los empresarios del norte de México: aparecer como un político nada radical, capaz de administrar los negocios capitalistas y de otorgar seguridad jurídica a las empresas norteamericanas, a las cuales ya les aseguró que “no revisará” las privatizaciones y concesiones otorgadas por el estado mexicano.

De igual forma, y echando por tierra la ilusión de que se trata de un proyecto capitalista autodefinido como “independiente” o “nacionalista”, la solicitud de más ayuda formulada a la potencia que dice que no tiene amigos, sólo intereses; que nos arrebató Texas y nos impuso el TLC y la entrega de las riquezas nacionales, sólo puede terminar en una profundización de la subordinación y dependencia a EE.UU.

Ahí está el ejemplo del rescate de 1995 que endeudó a la nación, y que AMLO presenta en su carta como un gran apoyo de EE.UU. y a partir del cual el gobierno de Clinton profundizó la exigencia de aumentar la entrega de la soberanía nacional y las riquezas naturales del país.

Se muestra que más allá de las diferencias del tono que ante Biden mostraron los candidatos del PRI y el PAN respecto al tabasqueño –que pidió “respeto” y “equidad en el trato” para México–, los tres partidos están de acuerdo con mantener lo esencial de la relación con EE.UU.: la subordinación económica y la entrega de las principales riquezas y recursos naturales a las transnacionales imperialistas.

Romper con el imperialismo y dejar de pagar la deuda externa

Ante eso, es fundamental que los trabajadores y la juventud combativa impulsemos una política para enfrentar la subordinación al imperialismo y frenar la entrega del país al gobierno y las transnacionales de EE.UU. En contra de lo que sostienen desde el PRI y el PAN –y, hasta los “opositores” del PRD–, los socialistas de la LTS llamamos a luchar y organizarnos para romper todos los pactos y acuerdos económicos, políticos, militares y diplomáticos que nos atan a EE.UU. (como el TLC, la Iniciativa Mérida y el pago de la deuda externa).

Porque no queremos ser una estrella más de la bandera norteamericana, estamos por la expulsión inmediata de todas las corporaciones militares y de seguridad yanquis que actúan en México. Junto a esto, hay que declarar unilateralmente y de forma inmediata el no pago de la deuda externa, sus servicios, intereses, y las cuotas al FMI.

Éstas son medidas elementales que permitirían contar con recursos para aumentar de inmediato el presupuesto para salud, educación, y organizar un verdadero plan de obras públicas bajo control de los trabajadores, y a partir de lo cual hay que nacionalizar todas las empresas privatizadas durante los sexenios anteriores. Sin embargo, esto es opuesto a la política de los tres principales partidos y para luchar por ello es necesario construir una organización revolucionaria de los trabajadores.









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