EDITORIAL

Continúa la movilización contra las reformas

23 Oct 2013   |   comentários

Continúa la movilización contra las reformas

La movilización magisterial es la mayor expresión del descontento que en amplios sectores del pueblo existe con el gobierno y los planes del Pacto por México. Esto se muestra también en la toma de escuelas por los padres de familia en varios estados, en repudio a la reforma educativa. En varias ciudades del país, nuevos batallones magisteriales refuerzan el movimiento desafiando a los charros del SNTE. La incorporación de la CETEG guerrerense, puede ser un factor que le dé nuevas fuerzas a la lucha.

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La movilización magisterial en las semanas previas se combinó con las manifestaciones, paros estudiantiles (sumando también a los normalistas) y con las marchas contra la reforma energética. Todo esto puede impulsar que nuevos sectores de trabajadores y jóvenes se sumen a la lucha.
El gobierno no sólo enfrenta esta nueva oleada de movilizaciones: tiene roces con un sector patronal que se opone a algunas medidas de la reforma fiscal y quiere dejar claro a Peña Nieto la fuerza de las corporaciones patronales. Son elementos que muestran los límites del poder presidencial, que arrastra una gran deslegitimidad ante amplios sectores populares.

El gobierno y el PRD: Represión y reformas

Ante esta nueva situación de la lucha de clases, el gobierno federal y del GDF –con el policía Mancera a la cabeza– apelan a la criminalización de los que luchan y a la represión de la protesta social, mientras cientos de presos políticos siguen en sus cárceles, como Alberto Pathistán. El 2 de octubre vimos al PRD utilizando los viejos métodos del PRI, policías infiltrados, golpizas a los manifestantes y la prensa, detenciones; la llamada “izquierda” mostró su carácter reaccionario y derechista, al reprimir la histórica marcha que homenajea a los cientos de asesinados, aún impunes, de Tlatelolco.
Las movilizaciones del magisterio y los estudiantes evidenciaron que la reforma educativa no tiene legitimidad y que al gobierno del PRI se le agotó rápido su pose de “democrático”. Se muestra que no regresó un “nuevo” PRI y que no habrá cambios democráticos favorables al movimiento obrero y popular.
La ocupación militar del Zócalo para quitar a la protesta magisterial ese simbólico espacio en la capital del país, es la expresión de que el gobierno debe apelar a la represión y la intimidación como forma de doblegar a los que luchan –como quiere hacer con los maestros– y obligarlos a aceptar las negociaciones amañadas a la usanza del viejo PRI, todo esto con la colaboración del PRD. Frente a esta política del gobierno y sus aliados –que incluye encapsulamientos de contingentes, asesinatos de dirigentes obreros y de activistas o grupos de choque que actúan contra los padres de familia– se muestra el repudio de la población. El mismo puede emerger en un gran movimiento democrático, como ya se expresó después del desalojo del plantón.

El gobierno no sólo mantiene la reforma educativa, sino que está decidido a aprobar una reforma energética para entregar los recursos naturales y lograr la privatización encubierta de Pemex. Quieren torcerle el brazo a los trabajadores imponiendo sus planes, como el reciente anuncio del recorte de la plantilla laboral en Pemex avalado por el charro Deschamps. Este ataque puede despertar una verdadera lucha nacional contra la entrega a las transnacionales. Para eso hay que superar la política de AMLO y Cuauhtémoc Cárdenas que –aunque llaman a oponerse a la reforma de EPN–, se limitan a presionar a las instituciones bajo una estrategia de “resistencia civil y pacífica” e impotentes “consultas populares”. Hay que impulsar una gran movilización nacional, para derrotar las “reformas estructurales” del gobierno, soldando la unidad de los trabajadores y el pueblo contra las instituciones responsables de esta entrega.

Retomar la ofensiva contra el gobierno y sus planes

En esta situación, el gran sostén del gobierno y sus planes es el acuerdo reaccionario llamado Pacto por México, con el PRD y el PAN. Si a pesar del descontento existente aún no se convocó a un gran y efectivo paro nacional contra las reformas estructurales, se debe a que las direcciones sindicales –como la Unión Nacional de Trabajadores–, se han negado a ello.
Es fundamental impulsar una coordinación de todos los sectores en lucha. Hay que levantar un pliego de demandas unificado, en primer lugar contra las reformas educativa y energética, y para enfrentar la represión y la criminalización de la protesta social. Como primera gran medida hay que ponerle fecha a un paro nacional contra las reformas estructurales de Peña Nieto y el Pacto por México. El magisterio en lucha debe llamar a los sindicatos que se reclaman independientes y democráticos –como la UNT–, a convocarlo. Para organizar un verdadero plan de acción, hay que realizar un Encuentro Nacional de organizaciones obreras, populares y estudiantiles, con delegados revocables y con mandato, para discutir cómo torcemos el brazo al gobierno y sus aliados del PRD y el PAN.









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