Por: LER-QI, Brasil

Brasil 11J: pese a la burocracia, los trabajadores son un factor político

23 Jul 2013   |   comentários

Fecha: Jueves 18 de julio de 2013

Por: LER-QI, Brasil

El último 11 de julio, decenas de miles de trabajadores participaron de las acciones obreras por todo el país, por mejores condiciones de trabajo y de vida. De norte a sur del Brasil, vimos piquetes, paralizaciones y manifestaciones callejeras. No fue un día normal para Dilma y los capitalistas en las fábricas, refinerías, puertos, obras, entre los trabajadores del estado y tantos otros, ya que los trabajadores brasileros comenzaron a entrar en escena en el importante proceso que viene sacudiendo nuestro territorio.

Nuestro país ya no es el mismo, y la politización de las jornadas de junio contamina al mayor proletariado del hemisferio sur. La lucha por el legítimo derecho a la salud, el transporte y la educación pública, así como la bronca contra la corrupción de los distintos partidos del orden, se tornan temas cotidianos en cada lugar de trabajo, ya que los trabajadores vieron que es posible arrancar conquistas como mostró la movilización de masas encabezada por la juventud, y fue eso lo que obligó a las centrales sindicales a organizar una movilización nacional.

Esa experiencia todavía no es más profunda pues encuentra en las actuales direcciones sindicales un freno para la entrada organizada de los trabajadores, como quedó en evidencia durante todo el mes de junio al no organizar a los trabajadores junto a la juventud. A pesar de la enorme disposición y de importantes paralizaciones en las categorías en las que los sindicatos organizaron de hecho la movilización, podían haber sido millones entrando masivamente con sus propios métodos de lucha. La burocracia sindical (CUT, Força Sindical, CTB, CGTB, UGT, Nova Central) buscó organizar medidas puntuales y controladas para “descomprimir” la rabia y la disposición de los trabajadores sin que se escapase de su control.

Los empresarios y los gobiernos conocen la fuerza de nuestra clase, y seguirán haciendo de todo para impedir la entrada de los trabajadores en escena. Los grandes medios comienzan un operativo de ataque a los sindicatos, buscando apoyarse en los privilegios de la burocracia sindical, así como en la disputa mafiosa por el control del Sindicato de los Conductores de San Pablo ocurrida hace poco días, para dividir a nuestra clase y decir que la fluidez de las calles, de la multitud, es suficiente, pues saben que si los trabajadores retoman sus instrumentos de lucha serán un gran peligro. No debemos engañarnos con las críticas de los grandes medios, que concientemente quieren dividir nuestra clase y tienen en esa campaña – aparentemente contra la burocracia pero en verdad contra la clase obrera – una continuidad de su política iniciada en las jornadas de junio de criminalización de la izquierda y de los movimientos sociales.

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Un nuevo momento en nuestro país

Miles de brasileros protagonizaron una importante y masiva jornada en las calles de este país en el mes de junio. La juventud estuvo al frente. La burguesía vio que lo mejor sería intentar “controlar” comenzando por revocar los aumentos de los transportes y de los peajes y apresurándose a ofrecer “promesas” de “cambio”. Dilma, Renan Calheiros y centenas de gobernadores e intendentes en cada ciudad de este país están viendo caer en picada su popularidad y buscan responder con medidas puntuales para desviar este proceso. La entrada de la clase obrera, a pesar del freno y el control de la burocracia sindical, acrecienta un “nuevo” factor en la desestabilización del ciclo lulista de contención social, cerrando el período de “paz social” que acompañó el saqueo capitalista de las riquezas nacionales y del sudor de los trabajadores. El país no será como antes.

Hay un cambio en la situación nacional que es parte de un proceso de movilizaciones juveniles en todo el mundo, y que comienza a mostrar la entrada también de la clase trabajadora en escena en América Latina, como vimos en Bolivia y ahora en Chile. La enorme participación juvenil por las calles del país, la politización de los trabajadores, el cuestionamiento a los gobiernos y partidos del orden (atingiendo al PT; que actuó como “fusible” protector de esta democracia para ricos), la desaceleración económica, los efectos de la recesión en Europa, la reversión del flujo de capitales y la desaceleración de China, acrecentando fisuras e inestabilidad en las alianzas del gobierno petista marcan la nueva etapa de la situación brasilera.

La tentativa de pacto de desvío de Dilma y el PT, así como su propuesta de plebiscito y reforma política fracasaron hasta el momento. El único pacto que está siendo religiosamente cumplido por todos los partidos dominantes del régimen es el de la responsabilidad fiscal, que garantiza el pago de los intereses y amortizaciones de la deuda pública (solamente los bancos detentan más del 30%, seguidos por los fondos de pensión y de inversión nacional y extranjeros) y por esa vía sigue sustentando la sangría que el capital financiero nacional e internacional realiza sobre a la economía del país. Los demás “pactos” de Dilma son promesas parciales que están lejos de atender las demandas de salud, educación y transportes que emergieron de las movilizaciones de junio, como muestran las restricciones gubernamentales impuestas sobre la cantidad de recursos de petróleo que sería destinado a la educación y la salud, sin mencionar que estos recursos pre-sal siquiera existen.

El gobierno federal vive un momento de crisis con el PMDB y los partidos aliados, pues la brutal caída en la popularidad de Dilma debilita en gran medida su capacidad de aglutinar fuerzas para una re-elección en el 2014, lo que coloca a los partidos de la base aliada –y la oposición burguesa (PSDB, PPS, DEM) – en una disputa para ver quién llegará mejor ubicado en las negociaciones electorales que cerrarán las coaliciones. La dinámica de desaceleración de la economía, los elementos de recesión en sectores de la industria, las presiones inflacionarias y la dinámica de reflujo de los capitales extranjeros para el país, aunque por ahora no configuren un escenario de crisis más aguda, limitan en gran medida las posibilidades del gobierno de realizar concesiones mínimanente significativas frente a las demandas de servicios públicos mejores y más baratos. Y la patronal seguramente utilizará esas nuevas condiciones económicas para no solo mantener el nivel de precarización del trabajo sino también imponer la rebaja salarial, cortes de derechos y amenazas de despidos.

El sentido de autopreservación de los partidos dominantes del régimen, combinado con la fuerza de las oligarquías y caciques regionales de los cuales depende tanto el PT como el PSDB, hacen que cualquier propuesta de reforma del sistema político no sea más que mero maquillaje para mantener lo esencial de los privilegios. Esta combinación de factores políticos y económicos hace que el gobierno tenga dificultades de retomar la iniciativa política y determinan una situación política nacional en la cual cualquier chispa puede servir para que vuelvan a emerger manifestaciones masivas o conflictos de la lucha de clases que ganen dimensión nacional.

La burocracia sindical y los sindicatos

El gobierno busca recuperar terreno a través de la CUT, la CTB, el MST y la UNE para que puedan ser los interlocutores del PT en el movimiento de masas. No será una tarea fácil, ya que el cuestionamiento al gobierno y al régimen (partidos, instituciones gubernamentales y legislativas, principalmente) avanza en aumento. Estas direcciones eligieron algunos lugares de trabajo para parar, pero concientemente impidieron que el día 11 fuese una jornada nacional de huelgas y acciones ofensivas de masas para luchar realmente por nuestros derechos. El acuerdo general entre las centrales sindicales era realizar manifestaciones “pacíficas y ordenadas”, o sea, controladas por los burócratas sindicales para preservar los gobiernos y las instituciones burguesas. Mientras ocurría el acto en la Avenida Paulista y el Sindicato de Bancarios de San Pablo anunciaba a la paralización de decenas de bancos en esa misma avenida, los bancarios seguían trabajando dentro de las agencias sin atender al público, en una farsa controlada para impedir que en las calles los trabajadores se unificaran luchando por sus derechos y superando el control de la burocracia. No podemos confiar en estas direcciones que son portavoces de Dilma y Lula, para seguir la lucha de los trabajadores será necesario imponer nuestras demandas y superar a la burocracia.

Si no debemos confiar en la CUT ni en la CTB, mucho menos debemos ilusionarnos con el palabrerío de Paulinho de la Força. Este burócrata, que ya fue del PTB, hoy está en el PDT y dirige una central sindical que estuvo históricamente al lado de los patrones imponiendo las privatizaciones, despidos y reformas neoliberales, intenta chantajear al PT para conseguir mejores cargos y conquistar una buena ubicación en las negociaciones electorales del 2014, probablemente volverá a aliarse al PSDB o al PSB. La Força Sindical es una central que de norte a sur del país entrega los derechos de los trabajadores, auxiliando a los patrones a mantener la superexplotación y precarización en diversas categorías, y fue solo pasando por encima de ella que los trabajadores de las obras del PAC hicieron huelgas en canteros y usinas contra los patrones. Centrales como la UGT, CGTB y Nova Central no son diferentes.

Ninguna confianza y “alianza” con esa burocracia sindical vendida. Por más que convoquen a movilizaciones, sus objetivos son frenar la lucha obrera e impedir la unificación con la juventud y el pueblo pobre, manteniéndose como fieles colaboradores de los gobiernos y de las patronales. Los trabajadores deben imponer su voluntad y disposición de lucha, exigiendo y obligando a esas direcciones a colocar los sindicatos al servicio de la unidad y la lucha obrera y popular y, en caso de que se opongan, deben ser barridas, instalando nuevas direcciones sindicales responsables delante de las bases en las fábricas, empresas y servicios.

Juventude ás Ruas y trabajadores clasistas impulsando la movilización nacional

Pusimos todas nuestras fuerzas para construir la paralización del 11J por los derechos legítimos de millones de trabajadores. Estuvimos desde el inicio de la madrugada con la Juventude ás Ruas y miembros del Sintusp (Sindicato de Trabajadores de la Universidad de San Pablo) apoyando a los metalúrgicos en Osasco, para después organizar la paralización en unidades importantes de la USP, como la Intendencia y la Coseas (Cocina-Comedor) desde donde los trabajadores junto con los estudiantes y habitantes de San Remo salieron en acto hasta la Avenida Paulista.

En el ABC, docentes y jóvenes marcharon al lado de los metalúrgicos. En Campinas, la juventud y los docentes fueron a llevar su solidaridad desde la madrugada a los petroleros y metalúrgicos, para después organizar un acto compuesto por secundarios, universitarios, docentes y metalúrgicos en una de las mayores terminales de la ciudad, la Terminal Oro Verde, concluyendo las movilizaciones en un bloque clasista durante el acto en el centro de ciudad. En Marília, Franca y Belo Horizonte, nuestra juventud también estuvo al lado de los trabajadores, y en Río de Janeiro, desde la madrugada, estudiantes fueron a llevar su solidaridad a los conductores y cobradores en los garajes, terminando su jornada en el acto de la Candelaria, que una vez más fue brutalmente reprimido por la policía asesina, al mando del gobernador Sérgio Cabral.

Por un encuentro nacional de base para organizar un polo antiburocrático, clasista y combativo

Es fundamental desde ahora extraer las lecciones del día 11. La clase obrera se presentó como un factor político en la nueva etapa política del país. La burocracia sindical, a pesar de los discursos, continuará con su función reaccionaria de preservar el “orden” neoliberal – cuestionada en varios aspectos por las movilizaciones. Para eso, buscará frenar y controlar esta fuerza obrera. Se verá obligada por la presión de los trabajadores a convocar a movilizaciones con el objetivo de “presionar” a los gobiernos y a la patronal a conceder para “conservar”. Denunciar este papel reaccionario de la burocracia, en todas las fábricas, empresas y servicios, exigir que se convoquen movilizaciones e imponer medidas democráticas de control de las bases (asambleas soberanas, piquetes, comités de fábricas, coordinaciones interfabriles e interbarriales, etc. serán tareas fundamentales para “dialogar” con los trabajadores, estimular su energía combativa y preparar el camino para recuperar los sindicatos para los trabajadores y su lucha, contra los privilegios y el dominio de la burocracia sindical, contra los gobiernos y la patronal, en defensa de las reivindicaciones obreras, de la juventud y del pueblo pobre.

Los trabajadores, en la nueva etapa, para vencer, necesitan constituir una nueva dirección combativa (contra la alianza con los patrones y los gobiernos), clasista (uniendo los sindicatos y el programa de los trabajadores con la juventud y el pueblo pobre) y democrática (sin burócratas sindicales, por la organización de todos los trabajadores para hacer valer nuestra fuerza). Como la mayoría de los principales sindicatos está en manos de la burocracia sindical vendida, las organizaciones que se dicen clasistas, combativas y antigubernamentales - CSP-Conlutas, las dos Intersindicales y Unidos - deben tomar esta tarea en sus manos, constituyéndose como una real alternativa contra la burocracia sindical y su política reaccionaria.

En subterráneos de San Pablo, dirigidos mayoritariamente por el PSTU y el PSOL, estos dirigentes vendieron la falsa idea de que “con las centrales sindicales no estábamos solos”, dejando de organizar en las bases, con toda firmeza, las condiciones para una verdadera paralización del subte, lo que habría dado un carácter más ofensivo – de huelga - al 11J en la capital paulista, contribuyendo como “vanguardia” para que millones de trabajadores no fuesen al trabajo. Estas direcciones, en verdad, privilegiaron los “acuerdos” y “compromisos” con la burocracia sindical traidora - así es vista por miles de trabajadores del subte – y no un plan serio para convencer y movilizar a la categoría para parar contra todo tipo de presión y confusión existente. En el boletín del sindicato a las vísperas de la paralización (http://www.metroviarios.org.br/site...), no había críticas a la burocracia sindical, vendiendo falsos informes de esa burocracia de que “pararían diversas categorías”. Esta fue la “preparación” que la dirección del Sindicato hizo, justo en una categoría que para paralizar necesita no solo estar convencida en su mayoría sino fundamentalmente preparada para enfrentar esquemas de carneros organizados por la empresa, represión y amenazas judiciales. El subte no paró porque, como vimos, no basta que la dirección sindical del PSTU y del PSOL digan que la “burocracia está con nosotros” y que “va a parar el país”.

Esta forma de confundir la necesaria unidad en la acción con las centrales sindicales cuando se ven obligadas a convocar movilizaciones con el silencio público sobre el reaccionario papel de esos burócratas no permite eliminar los obstáculos para que la clase obrera confíe en sus propias fuerzas y se fortalezca para ajustar cuentas con la burocracia sindical, tomando el control de las movilizaciones y de un plan de lucha efectivo –antigubernamental y anticapitalista-, único camino seguro para imponer las reivindicaciones y soldar la alianza obrero-estudiantil-popular.

Es necesario organizarnos con fuerza para que el día 6 de agosto sea de hecho una gran movilización contra la PL4330 (Proyecto de Ley que busca profundizar la tercerización en nuestro país), imponiendo la retirada de este proyecto y cuestionando los pilares de la precarización del trabajo en Brasil. Es necesario luchar para que los sindicatos y entidades comiencen a organizar reuniones, preparen asambleas, material para movilizar las estructuras. Es necesario construir una gran movilización que se encamine hacia la huelga general del día 30 de agosto, para imponer las reivindicaciones y no solo “presionar” al gobierno y la patronal a cambio de engañosas “negociaciones”.

Es necesario que la izquierda saque las lecciones y pueda superar estas debilidades. Es fundamental luchar por un encuentro nacional de base para que la politización de los miles de trabajadores pueda tornarse organización conciente. Los trabajadores no pueden ser más engañados por esas direcciones sindicales que desde hace décadas muestran que están del lado del gobierno y de los patrones. Si la lucha por nuestros derechos queda en manos de Força Sindical, CUT e CTB, terminará siendo desviada a través del plebiscito o en presión para que el gobierno atienda “pequeñas propuestas” que nada cambiarán de hecho y llevará a la paralización de los sindicatos.

Es más que urgente que CSP-Conlutas, las Intersindicales, Unidos (centrales sindicales orientadas por la izquierda especialmente el PSTU y el PSOL), entre otros, preparen y convoquen un encuentro nacional democrático, eligiendo delegados de base en todos sus sindicatos para discutir y deliberar un plan de luchas y un programa obrero y popular que prepare la participación activa de un “polo antiburocrático”, clasista y combativo” en las movilizaciones del 6 y del 30 de agosto y las campañas salariales en el segundo semestre de las grandes categorías como correos, petroleros, metalúrgicos, bancarios, presentándose como una real alternativa de dirección para los trabajadores subyugados al dominio de las burocracias de las centrales sindicales oficialistas y patronales.

La disposición de los trabajadores necesita de una política independiente de los patrones, de los gobiernos y de la burocracia sindical para luchar por un plan de acción que pueda encarar el aumento del costo de vida, los derechos de los trabajadores precarizados, luchar por la estatización del transporte y por condiciones dignas de educación y vivienda acabando con los privilegios de los políticos y banqueros que se quedan con el 50% de nuestro presupuesto con el pago de la deuda pública. Más que nunca es necesario construir un gran polo antiburocrático en el movimiento obrero brasilero para que toda la politización y energía de los trabajadores puedan transformarse en organización en los lugares de trabajo.

17/07/2013


Trabajadores clasistas y Juventude Às Ruas impulsando la movilización nacional

Desde la juventud pusimos todas nuestras fuerzas para impulsar el paro del 11J por los derechos legítimos de millones de trabajadores. Estuvimos desde la madrugada con la Juventude ás Ruas y miembros del Sintusp apoyando a los metalúrgicos en Osasco, para después organizar el paro en unidades importantes de la USP, desde donde los trabajadores junto con los estudiantes y habitante del barrio San Remo marcharon hasta la Avenida Paulista.

En el subte batallamos por organizar el paro en la base, que no se concretó por la falta de un plan serio de la dirección del sindicato (PSTU-PSOL) para convencer y movilizar contra todas las amenazas patronales y del gobierno. En el ABC, docentes y jóvenes marcharon al lado de los metalúrgicos. En Campinas, la juventud y los profesores llevaron su solidaridad a los petroleros y metalúrgicos y organizaron un acto con secundarios, universitarios, profesores y metalúrgicos en una de las mayores terminales, Oro Verde, concluyendo en un bloque clasista en el centro de ciudad. En Marília, Franca y Belo Horizonte nuestra juventud estuvo junto a los trabajadores y en Río de Janeiro, los estudiantes llevaron su solidaridad a los conductores y cobradores en los garajes, finalizando la jornada en el acto de la Candelaria, que una vez más fue brutalmente reprimido por la policía asesina, al mando del gobernador Sérgio Cabral.









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