UN BALANCE DEL GOBIERNO DE EVO A MITAD DE GESTIÓN

30 meses en el Palacio Quemado

14 Aug 2008   |   comentários

Fue el enorme proceso de lucha de masas que desemboca en el levantamiento insurreccional de octubre de 2003 (derribando a Sánchez de Losada) y en las Jornadas de mayo-junio de 2005 (expulsando a Carlos Mesa), lo que obligó a la clase dominante a buscar un desvío y aceptar el adelantamiento de elecciones generales, permitiendo el acceso de Evo Morales al gobierno. El MAS no asumió para “realizar la agenda de octubre” en que se condensaban las aspiraciones populares (acabar con la opresión racista, nacionalizar los recursos naturales y expulsar a las transnacionales, acabar con la miseria) sino con la función histórica de contener el proceso revolucionario en los marcos del capitalismo por la vía de “reformas democráticas” y limitadamente nacionalistas.

El gobierno frentepopulista de Evo depende del apoyo de las organizaciones de masas, sobre todo campesinas e indígenas, para poder contener su lucha al tiempo de presionar a la burguesía a aceptar la necesidad de concesiones, buscando renegociar el asfixiante saqueo por las transnacionales y el imperialismo.

Lejos de representar el “gobierno de los movimientos sociales” el MAS subordina la fuerza de las masas a la estrategia de colaboración con la burguesía de una capa dirigente pequeñoburguesa, de burócratas, campesinos e indígenas acomodados, ex stalinistas, intelectuales de las ONG, aliados a representantes de la burguesía nacional y tecnócratas. Evo Morales y García Linera sintetizaron este proyecto político planteando “pasar de la protesta a la propuesta”, prometiendo la “descolonización” e “incluir” a los pueblos originarios mediante la “refundación del país” a través de una Asamblea Constituyente. Esto habría de lograrse concertando “en democracia” con los empresarios, los terratenientes y las transnacionales la construcción del “capitalismo andino”.

Evo asumió el gobierno el 22 de enero de 2006 entre enormes expectativas en sus promesas de cambio, mientras la reacción estaba debilitada y completamente a la defensiva. Pero la situación fue girando cada vez más a la derecha, con la oposición fortalecida y a la ofensiva, buscando “jaquear” al gobierno que ha perdido autoridad en medio país, hasta el punto de que el Presidente no puede ni visitar 5 departamentos.

La clave de esa aparente paradoja es que cuanto mayor éxito ha tenido el MAS en contener al movimiento de masas y canalizar sus aspiraciones por vía parlamentaria y constitucional, más ha favorecido el fortalecimiento de la reacción con su estrategia de concertación y pactos con los empresarios, terratenientes y transnacionales y sus representantes, facilitando que la derecha recupere fuerzas y base social en las clases medias para lanzar su ofensiva reaccionaria. El “proceso constituyente” gestó una Constitución que aunque resistida por la oposición y los autonomistas y bajo fraseología indigenista y social, sintetiza el abandono de la “agenda de octubre” y la voluntad de conciliación con la burguesía en una “democracia reformada”.

Mientras los empresarios y las transnacionales han seguido haciendo enormes ganancias con el gas, la soja, los minerales y las finanzas y el Estado multiplica sus ingresos, el pueblo sufre los costos de la inflación y la recurrente escasez de bienes básicos (como harina, pan, arroz, pollo, gas en garrafas, etc.), los salarios de hambre y la precarización laboral, sin que el aumento del gasto social (especialmente dirigido a las áreas rurales) alcance para paliar las penurias y pobreza de las masas trabajadoras.

Ninguna de las tareas nacionales pendientes, que le dan sentido a la “agenda de octubre” y que el MAS reconoce (recuperación real del gas y los recursos naturales, reforma agraria, tierra y territorio para los pueblos originarios, liberación nacional) ha sido resuelta.

No ha sido expropiado ni un solo latifundio (sólo se han repartido algunas tierras fiscales).

La prometida nacionalización del gas ha sido reemplazada por la renegociación de contratos con las petroleras y la recompra de algunas empresas anteriormente privatizadas.

En minería se siguen entregando al capital extranjero explotaciones estratégicas como El Mutún, Corocoro, Karachipampa, etc.

La reivindicación de los pueblos originarios es un logro democrático formal, pero con la “revolución democrática, cultural y descolonizadora” de Evo, aunque una capa de representantes de la burocracia campesina, la intelectualidad y el empresariado indígena han logrado “inclusión” en el poder, la situación de la inmensa mayoría de aymaras, quechuas, guaraníes, etc., no ha cambiado y las bases estructurales de su secular opresión siguen intactas.

Mientras el MAS contiene y desvía las aspiraciones de las masas con las promesas de reforma constitucional, posterga sus legítimas aspiraciones y preserva las bases del poder económico, social y político de la reacción: la gran propiedad privada de la tierra, las minas, las fábricas y bancos, y los densos lazos de la dependencia del capital imperialista. Más aún, el esfuerzo por hacer aceptar su gestión del Estado por la clase dominante en su conjunto y poder concertar, lleva al MAS hasta a reprimir movilizaciones progresivas de sectores avanzados (como ocurrió en Huanuni) y a oponerse al desarrollo de la lucha de masas contra la derecha. Bastan tres botones de muestra:

En enero de 2007 el levantamiento de los cocaleros, regantes, trabajadores y sectores populares de Cochabamba tomó la Prefectura y obligó a huir a Reyes Villa. Sin embargo, el gobierno lo sostuvo, llamando a respetar que este antiguo miembro de dictaduras militares y socio de Goni, había sido electo democráticamente, con lo que la derecha se repuso en la ciudad.

A principios de 2008, cuando el pueblo de Camiri se movilizó por la nacionalización efectiva de las petroleras (atacando al mismo tiempo a la oligarquía cruceña por entreguista), el gobierno reprimió duramente la movilización, pero poco después retrocedió lamentablemente cuando los hacendados atacaron a la comisión oficial que iba a sanear tierras a Alto Parapetí, donde comunidades guaraníes viven en la semiesclavitud.

El 25 de mayo de 2008 las bandas de los cívicos chuquisaqueños atacaron a las delegaciones de campesinos que venían a recibir al Presidente (que suspendió su llegada). Los apalearon, desnudaron y exhibieron en la Plaza central entre golpes e insultos racistas. Cuando los campesinos organizaban la movilización en respuesta, el gobierno envió a sus emisarios para pedirles que no hicieran nada, profundizando la desmoralización y allanando el camino para que la Prefectura local fuera ganada por el bloque derechista en las posteriores elecciones.

Quien permite el fortalecimiento de la derecha es el reformismo del MAS. Su programa no satisface ni las demandas inmediatas de los trabajadores y el pueblo, ni resuelve las tareas democráticas y nacionales pendientes. La experiencia de estos 30 meses en el poder muestra los límites del MAS. Los obreros, campesinos y pueblos originarios no pueden esperar satisfacción a sus necesidades inmediatas ni una vía a la liberación social y nacional de la mano del MAS. Las masas del campo y la ciudad necesitan las manos libres para enfrentar y derrotar a la reacción.









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